Anna Belsa - El Quadern Robat - Oriol Jolonch
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Anna Belsa – El Quadern Robat

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Fantástico prólogo de Anna Belsa, directora de la galería El Quadern Robat, para el catálogo de la exposición en el Museo Can Framis de la Fundació Vila Casas.

Las fotografías de Oriol Jolonch nos plantean la pregunta: ¿qué es la realidad? ¿Dónde empieza y dónde acaba la imaginación? El trabajo de Oriol Jolonch se encuentra entre las aguas de ambos conceptos y los cuestiona. Si la realidad atañe a todo aquello que sucede de manera verdadera o cierta, y se opone a lo que pertenece al terreno de la fantasía, la imaginación o la ilusión, nos encontramos frente a un eterno problema filosófico. De hecho, determinar qué es real y qué no, ha sido una de las principales cuestiones de la historia de la filosofía. Según como, podríamos afirmar que la realidad está formada por algo más que lo material.
Intangibles como los sentimientos o las emociones también existen; del mismo modo que la fantasía, que constituye una parte importante de la vida y la obra de muchos artistas, como es el caso de Oriol Jolonch. Platón ya estableció una diferencia entre la realidad sensible e imperfecta, captada por los sentidos, y el mundo de las ideas, inmutables y eternas, captadas por la razón. Esto último era lo que él definía como realidad. Para Aristóteles, en cambio, la realidad se encontraba en el mundo sensible, en las cosas que vemos, tocamos y sentimos. Sin los sentidos no habría acción, y es en la acción que las cosas se convierten en reales. Si no, nos moveríamos en un mundo abstracto, constituido solamente por cosas posibles. En el pensamiento actual, muy influenciado por los estructuralistas franceses (una de las corrientes que más ha influido en la filosofía contemporánea), el concepto de realidad vuelve a ser el centro de todas las disquisiciones. Quizás influido por lasideas de Freud y las corrientes surrealistas, Jacques Lacan describió el concepto de realidad en tres planos fundamentales: el real, el imaginario y el simbólico, que se encontrarían presentes de forma irresoluble en el mundo real. Lo exclusivamente objetivo y externo no existiría, sería un imposible, una pura abstracción intelectual.
Posteriormente, Michel Foucault introduciría la idea del aspecto cambiante de la realidad y Deleuze otorgaría una importancia capital al sentido interno de las cosas para definir su idea de verdad. De esta manera, el mundo de los sentidos vuelve a entrar en consideración en el pensamiento cultural occidental. De hecho, hasta los siglos XII-XVIII, la confrontación entre lo real y lo imaginario no existía. Tanto en las mitologías antiguas como en toda la época medieval, los fenómenos extraños y mágicos, amparados por la religión, también formaban parte de la realidad, aunque no fueran visibles. La influencia de las doctrinas de Descartes provocó la disociación entre real e imaginario, y el mundo, cada vez más controlado por la razón, fue perdiendo el misterio y toda la poesía. No fue hasta el siglo XIX, cuando el mundo de los sentidos y la imaginación volvió a adquirir protagonismo. Alicia en el País de la Maravillas, de Lewis Carroll, es un ejemplo paradigmático de cómo a través de las pautas de funcionamiento del mundo onírico se pueden explicar y cuestionar los mecanismos del mundo real: en definitiva, este responde a una lógica igualmente absurda. Esta línea de pensamiento continuaría a través del ideario de autores como Baudelaire, Mallarmé, Apollinaire, Tzara, hasta llegar a André Breton, autor del manifiesto surrealista. El movimiento surrealista se inició en el ámbito de la poesía, pero pronto abarcó todas las manifestaciones artísticas. Dejando de lado la razón y los condicionantes morales vigentes hasta entonces, se cedió todo el protagonismo al pensamiento libre, para explicar las realidades posibles. Desde el punto de vista iconográfico, nos hallamos frente a un movimiento riquísimo, lleno de perversiones intelectuales, de intentos de traducir el pensamiento en imágenes y de perseguir sueños con significados transcendentales. La finalidad del arte consiste en crear realidades alternativas y el medio para conseguirlo es la imaginación. La fotografía fue una de las disciplinas que mejor se adaptó al movimiento surrealista: los rayogramas de Man Ray, las shadografías de Christian Schad o los fotogramas de Moholy-Nagy son un ejemplo de ello. Utilizando las técnicas de la época, manipulaban las imágenes para crear una representación de la realidad que desvelara su inconsciente o su vertiente subversiva. En nuestro país, tenemos el ejemplo de Josep Renau (Valencia, 1907-Berlín, 1982), que realizaba collages de fotografías a fin de crear un contexto nuevo. En este caso, Renau hacía un uso programático, ya que ponía su creatividad al servicio de la expresión de sus ideas políticas. En cualquier caso, podemos afirmar que el movimiento surrealista, a diferencia de otras corrientes artísticas, fue una tendencia que llegó para quedarse.
En el terreno de la fotografía constituyó el inicio de un género que hoy día presenta una considerable efervescencia. Actualmente, las técnicas digitales han allanado el camino a los creadores. Podríamos citar muchos artistas que cultivan la fotografía surrealista, pero consideramos que cabe destacar a los americanos Jerry Uelsmann, Robert y Shana Parkeharrison, Gregory Crewdson o Brooke Shaden; los alemanes Julia Fullerton-Baten o Robert Jahns; los suecos Erik Johansson o Tomy Inberg; el holandés Teun Hocks; el filipino Norv Austria; el francés Gilbert Garcin o el madrileño Chema Madoz. Si bien no todos utilizan técnicas digitales, como es el caso de Madoz, su obra sí puede incluirse dentro de este género, que es en el que sin lugar a dudas hay que situar la obra de Oriol Jolonch.

Las fotografías de Oriol Jolonch tienen el poder de provocar una sorpresa constante. Su imaginación le lleva a recrear mundos posibles que van mucho más allá de la realidad convencional. Su trabajo es el fruto de una exploración intelectual intensa y se constituye en una actitud y una propuesta estética. Son obras que nos presentan escenas de una cotidianeidad alternativa, con una considerable carga metafórica, y que nos hacen reflexionar sobre el mundo que nos rodea. Como si en la narración de un mero hecho documental, este se elevara a la categoría de símbolo. Si realizamos un análisis iconográfico de las fotografías de Oriol Jolonch, encontramos una gran cantidad de elementos simbólicos que nos remiten tanto al arte surrealista como a la literatura mágica o fantástica. En este sentido cabe destacar algunos en especial, tanto por su protagonismo como por su presencia recurrente. Estos elementos son: la idea de sueño, la presencia de insectos, muñecos y animales, las referencias a personajes de la literatura fantástica, el concepto de metamorfosis o transformación, el bosque, el tono siniestro y la construcción de metáforas. Encontramos la idea de sueño en la fotografía In your room, en la que la cabeza de una figura femenina, que yace al fondo de una habitación, se transforma en humo. Las paredes, formadas por páginas del manuscrito de Voynich, se ondulan creando una atmósfera de irrealidad. Otro elemento con posibilidades fantásticas en tanto que puede remitir a la existencia de otros mundos posibles, de otras formas de vida que por un lado fascinan y por otro repelen son los insectos. Encontramos insectos en La vida secreta de las hormigas, La verdadera historia de Romeo y Julieta, La ofrenda y Otros mundos. La exploración de esta metarrealidad que se recrea a partir de la vida y el comportamiento humano, induce al uso de una serie de elementos que expresen o acentúen aspectos y comportamientos ocultos o al menos misteriosos. Los muñecos y los animales, por la carga de connotaciones inquietantes que conllevan, son otros motivos que Oriol Jolonch utiliza en diversas fotografías. Los muñecos, como representación inanimada del ser humano y como ente a merced de otras voluntades, son los protagonistas de Neptuno o la quimera de lo imposible, Asalto a la Casa Blanca y Children Men. Por su parte, los animales, como género susceptible de intercambiar o suplantar el rol de las personas son el eje narrativo de Monkey Island, Radio y Jirafas y monos, entre otras. En las fotografías de Jolonch también hay referencias a los personajes clásicos de la literatura fantástica. En Old Dracula, la dentadura postiza del conde Drácula, dentro de una copa, nos revela un detalle imposible que lo humaniza: Drácula también envejece.
El personaje de Drácula, a su vez, nos remite al concepto de metamorfosis, una idea plasmada explícitamente en la fotografía Metamorfosis, en la que unas almejas se transforman en mariposas. Otro elemento fantástico por excelencia es el bosque, considerado como un espacio simbólico, lleno de secretos y poderes mágicos. En Lost, un hombre con un traje antiguo de buzo camina, asido a una cuerda, por un paraje selvático. En las fotografías de Jolonch, a menudo percibimos un toquesiniestro que produce una sensación de escalofrío, fruto de la disonancia cognitiva entre lo que nos resulta conocido y extraño, atractivo y a la vez repugnante.
Son referencias a un plano oculto y perverso de la realidad, en la que se intuyen intenciones oscuras y malignas. Este es el caso de obras como La última exhalación, Deseo secreto o De lo efímero, entre otras. Por todo lo expuesto podemos afirmar que lasfotografías de Oriol Jolonch pueden contemplarse como una metáfora compleja, que permite una o varias lecturas.
Oriol Jolonch es un fotógrafo con chistera, como su alter ego de la serie Mr. Jones, que contempla un paisaje cambiante, de espaldas al público. Su varita mágica es su imaginación, con la que mira y escucha  la realidad y nos  descubre sus posibles contenidos ocultos. Fotografía el mundo y las cosas (la mayoría de los elementos que aparecen en sus composiciones han sido fotografiados por él) y construye un collage que constituye una metáfora crítica y compleja de nuestro mundo. En Tomorrow, una fila de niños (sus sobrinos y unos amigos suyos) llaman a la puerta tapiada de una casa (del pueblo de sus padres); y en Éxodo, en la huida hacia un mundo mejor, las personas se llevan los árboles. A veces estos collages fotográficos pueden parecer una especie de recuerdo, o la reliquia de un pasado remoto. Contemplándolos, experimentamos una especie de tristeza indefinida.

Este sentimiento de languidez y de nostalgia viene acentuado por el uso de un tono indefinido, que no es blanco y negro, ni tampoco sepia, al que llega a través de un largo procedimiento que consiste en superponer capas de color, hasta llegar a lo que él mismo define como “tono vintage”. Al mismo tiempo, las fotografías de Oriol Jolonch también nos despiertan el sentido crítico y la ironía. En su proceso creativo recoge las similitudes dispersas de las cosas y sus  significados  para demostrar que,detrás de la realidad puede haber un sentido mutable, una oportunidad perdida, una intención desestimada. Su imaginación es subversiva porque investiga en el terreno de lo posible para cuestionar los principios establecidos y presentar otros alternativos. En este sentido, su creatividad es liberadora, y en estos momentos de profundo desencanto, hasta podríamos decir que nos reconforta. Las realidadesalternativas de Oriol Jolonch ensanchan las fronteras de nuestro  mundo, son una fábula que nos enseña que el verdadero poder  está en la  imaginación.

Anna Belsa